5 de diciembre de 2012

Aysen 4 - Desde La Bolsa a La Junta

Se dice que trabajaba en la bolsa de comercio de la capital o en alguna de esas empresas donde la gente nunca se siente plena. Y que se sacaba cresta y media trabajando, pero que no había caso, la satisfacción no se asomaba por ningún lado. No sabía bien como había llegado a trabajar en finanzas, habiendo estudiado antropología.

Un buen día de verano, hace ya una buena cantidad de años, hastiado de los tropezones y codazos del mundillo financiero, resolvió irse de mochileo al sur a ver si el aire cálido del verano sureño le daba señales de que diablos hacer con su vida. Y partió derechito a la carretera austral, y no se sabe bien como, llegó a Medio Palena más conocido como La Junta, desde donde dicen proviene el más jugoso lomo vetado nacional.
©Pablo Retamal
Y quizá fue el aire, los colores, lo verde, lo bello, lo prístino, los olores, todo lo anterior o quizá que, la cosa es que estuvo varios días dándose vueltas por allá, con cierto apuro, sus ojos deseando no perderse ni un solo detalle. En su sangre le hervía la adrenalina y en la cabeza le daban vuelta tantas ideas que no podía ni dormir. Fueron esas noches de insomnio, en esa pequeña carpa que le hacía de vivienda, que trazó con lujo de detalles sus siguientes pasos. Y se volvió feliz a Santiago.

Dicen que de vuelta a la metrópoli, lo primero que hizo fue aparecerse puntualmente por la oficina, y que no le tomó más de un par de pestañeadas para comunicarle a su jefe que ya no contara con él. Y -porque? le contradijo el jefe, y él que - porque no nomas y chaito nos vemos, por ser un poco cortés.

Y que salió feliz, y que lo primero que hizo fue comprarse una kombi de la post-guerra o algo así. Que la llenó de latas de atun, un colchón, combustible, algo de ropa, los libros y los cuadernos para hacer planes y que -chao mamita, chao papito, partió rajado en la kombi delirante de felicidad hacia el sur, ese sur al que algún día llegaría a llamar su sur, su casa, su tierra.

Y allá las revolvió de lo lindo. Sin mayor idea de como hacerlo se construyó una casa. Y con lo que aprendió amplió la misma. Y con lo que siguió aprendiendo le construyó casas a un montón de otra gente. Entre medio se enamoró. Fue de una colombiana, que le puso como ultimátum que le acompañaría solo 10 años en ese festival del abandono que es la Patagonia chilena. Hoy no tienen intención alguna de irse, tienen un hotel "bellísimo" como lo pronuncia la colombiana, que entrega lo que promete en su nombre, Espacio y Tiempo.

Algo muy especial tiene que haber en esa tierra para que un antropólogo, soldado fugaz del gélido mundo financiero, termine siendo un empresario del relajo y construyendo casas junto a una colombiana en Medio Palena.

Eso ocurre en La Junta, 
1280 habitantes, comuna de Cisnes, Región de Aysén.

1 Comentarios:

Pablo Retamal dijo...
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